Mariano Barbacid, Antón Costas y Javier Urzay participan en el encuentro telemático “El papel de la industria farmacéutica en la recuperación económica” organizado con la colaboración de la Asociación de Periodistas de Información Económica

La llegada de los fondos europeos para la recuperación económica puede ser una gran oportunidad para que España cambie su modelo productivo, pero no lo conseguirá a menos que incremente la inversión en investigación y ciencia y fomente la colaboración entre público-privada. Estas han sido algunas de las conclusiones alcanzadas durante el encuentro telemático El papel de la industria farmacéutica en la recuperación económica, que ha organizado Farmaindustria con la colaboración de la Asociación de Periodistas de Información Económica.

El encuentro ha contado con la participación de Mariano Barbacid, Profesor de Oncología Molecular y exdirector del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO); Antón Costas, expresidente del Cercle d’Economia y Catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona; y Javier Urzay, Subdirector General de Farmaindustria, además de la vicepresidenta de la APIE, Amparo Estrada, que actuó como moderadora.

Los tres expertos han destacado la importancia de la relación entre la inversión en salud y la buena marcha económica, algo que, según Antón Costas, habría sido mucho más difícil de explicar antes de la llegada del Covid 19; pero las circunstancias actuales han demostrado que “Sin esa inversión no se puede mejorar la productividad de la población; si las personas no están en una situación saludable, no hay innovación, dinamismo creador, ni crecimiento económico”. Una opinión que ha compartido Javier Urzay, quien ha señalado que “Cada año de vida que se gana son cuatro puntos de PIB. No es sólo cuestión de salud, hay un componente económico clave”.

Un componente económico que, según ha declarado Mariano Barbacid, la clase política española tiene dificultades para percibir: “Me hago cruces de que para contener la pandemia solo oigamos cierres, toques de queda, pero la contratación de médicos o enfermeros no parece que se esté llevando a cabo”. La contratación de estos profesionales, ha añadido, cuenta con la ventaja de tener efecto inmediato, pero la de los investigadores es más complicada, ya que “Si mañana traes a 2.500 investigadores en España, que falta nos hacen, el resultado no se va a ver en cinco u ocho años, porque la investigación necesita tiempo. Es muy difícil que un político entienda la inversión a largo plazo que supone invertir en investigación”.

La inversión pública en I+D continúa estancada por debajo del 0,5% del PIB, muy por debajo de la media europea del 2%. Una diferencia que Barbacid ha resumido en la necesidad de “más recursos, más recursos y más recursos”, pero la manera de hacerlo es igualmente importante. Para Javier Urzay “no sólo se trata de atraer al talento que tenemos en España, sino de conectar a ese talento con el tejido productivo”, y ha recordado un informe publicado en julio por el Real Instituto Elcano que destaca las oportunidades de España para atraer inversiones en los sectores salud y farmacéutico. Antes solo la gente con una enfermedad valoraba lo que es un medicamento; ahora hasta quienes nunca han ido al médico lo valoran. Tenemos que interiorizar eso y convertirlo en política”, creando, además, sinergias que impidan que cada ministerio se limite únicamente a cumplir sus objetivos, y que terminen constituyendo un ecosistema de investigación biomédica.

La colaboración entre los sectores público y privado es algo en lo que se han mostrado de acuerdo los tres participantes, y Antón Costas ha advertido de la necesidad de que los proyectos que se presenten para optar a las ayudas europeas deban ser articulados “a través de empresas líderes, que tengan capacidad de activar el resto del sector en el que operan. Si no sabemos llevar a cabo esta coordinación público-privada, probablemente no seremos capaces de sacar un euro del cajón de la Unión Europea”, ha concluído.