El Consejero Delegado de Altadis augura un 2015 positivo para el mercado tabaquero, y aboga por intensificar la lucha contra el contrabando

En ocasiones, la actualidad se cuela en una rueda de prensa convocada con propósitos muy distintos a los que luego se plantean. Es lo que ha ocurrido en el desayuno de prensa organizado por la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE), donde Juan Arrizabalaga, Consejero Delegado de Altadis, iba a hacer balance de su primer año en el cargo y del estado de la industria tabaquera en España y en el mundo.

Pero el anuncio de la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, lugar de procedencia de los cigarros puros más apreciados, no podía quedarse fuera de los temas a tratar, sobre todo siendo este país el consumidor de las dos terceras partes de los cigarros premium que se fuman en todo el mundo. El cambio en la política fue considerado, en principio, como “una buena oportunidad” por Arrizabalaga, pero advirtiendo que es un paso demasiado preliminar para hacer conjeturas: “todavía queda mucho para vender en el mercado americano”, declaró, y advirtió de los cambios que habría que acometer para ajustar la producción y la distribución a la apertura de un mercado de tales dimensiones.

España fuma menos de la mitad que en 2009

En cuanto a la presentación de resultados, Arrizabalaga ofreció los datos mundiales, situados, según dijo, “en línea con nuestras previsiones”, con un EBITDA de 3.000 millones de libras que supone un crecimiento del dos por ciento en resultados constantes “en un mercado mundial que está decreciendo en torno al uno por ciento”. En estos momentos, Altadis es el cuarto grupo tabaquero mundial, con un 12 por ciento de cuota de mercado, y tienen previsiones de crecimiento para 2015, después de la compra en Estados Unidos de una tabaquera que es líder en el mercado de cigarrillos electrónicos.

Sobre los resultados en España, aunque no serán dados a conocer hasta el mes de abril, sí anticipó que son “buenos, por encima de lo previsto”, a pesar de que en el país el consumo de tabaco ha decrecido un 53% en los últimos cinco años. En los últimos doce meses, ese consumo se ha reducido sólo un 4%, que Arrizabalaga atribuye a que la carga fiscal del tabaco no ha subido en los últimos dieciocho meses, lo cual “nos ha dado una estabilidad de precio y una mejora en el consumo”.

Contrabando, etiquetado y cargas fiscales

El Consejero delegado de Altadis hizo balance de los cuatro retos a los que, a su juicio, se enfrenta la industria tabaquera en España: el primero es el contrabando, que “se ha disparado” desde el año 2010, pasando del tres por ciento del mercado a más del doce el pasado año. Gibraltar fue señalado como el principal foco actual, con unos índices de consumo de cigarrillos que, de ajustarse a su población, “equivaldrían a once cajetillas por persona y día”. Arrizabalaga reclamó acciones asimilares a las tomadas en los 90 en Andorra, donde el bloqueo de fronteras, los registros exhaustivos y una mayor equiparación de los precios redujo el flujo de forma significativa, e insistió en la necesidad de concienciar a la sociedad de que el volumen de impuestos que la Administración deja de percibir por el contrabando es de 800 millones de euros, que recaen sobre el bolsillo de los españoles.

El segundo reto se refiere a la nueva directiva europea aprobada este año, que deberá entrar en vigor en 2016, y que obliga a las tabaqueras de todos los países miembros a rediseñar sus cajetillas para que las advertencias sanitarias ocupen dos tercios de su superficie. “Eso nos va a obligar a una inversión de cientos de millones, para cambiar el diseño de dos mil referencias de producto”, indicó Arrizabalaga, señalando además que, en su opinión, las advertencias actuales “ya eran suficientes. Dos tercios de la cajetilla nos parece exagerado, y recorta nuestros derechos como fabricante a comunicar nuestras marcas de manera clara”.

Los otros dos retos se refieren a hacer evolucionar de forma positiva el mercado, ajustando su cartera de productos a la demanda de los consumidores, y a plantearse la necesidad de una estructura fiscal como el impuesto de doble mínimo, establecido hace dos años, que les impide bajar el precio de su marca más barata por debajo de los 3,95 euros. Una reciente sentencia italiana podría obligar a derogarlo, pero el Consejero Delegado de Altadis ha indicado que el proceso parece estar desarrollándose “sin prisa”, sin estipulaciones de la UE y sin ninguna empresa que lo denuncie.

La apuesta por las marcas baratas

Juan Arrizabalaga se refirió también a los EREs emprendidos estos días en sus plantas de Logroño –dedicada a la fabricación de cigarrillos- y Santander –única de Europa donde aún se elaboran cigarros puros mecanizados-, justificándolos por una reducción en su producción, sobre todo en Santander, donde el descenso ha sido del 23 por ciento. Aunque las medidas que se han tomado han servido, asegura, para garantizar su continuidad, declaró que “nadie puede garantizar que vayan a mantenerse para siempre”, y recordó que el Reino Unido acaba de cerrar la última fábrica de cigarrillos que quedaba en el país.

Y es que la gente, después de todo, parece estar fumando menos, y no sólo como consecuencia de la crisis. Los estudios realizados por Altadis indican que los fumadores consumen una media de uno o dos cigarrillos menos al día. Frente a este descenso en el consumo, Altadis apuesta por una fuerte presencia en el mercado del low cost, con marcas como Brooklyn –actualmente West- “que supone casi el tres por ciento del total del mercado, cuando hace cuatro años no llegaba ni al uno por ciento”.

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