El Presidente de la CNMC habla en el Curso de Verano de la APIE de la influencia que pueden tener en cuestiones de competencia los avances empresariales basados en la tecnología

“Ahora me siento, y me pueden preguntar por la electricidad, que es lo que están ustedes deseando”. La verdad es que el expediente abierto por la Comisión Nacional de los Mercados de la Competencia (CNMC) tenía que estar presente de alguna manera en la intervención de su presidente en el Curso de Verano organizado por la APIE en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander. Pero, quizá por el envite lanzado por Jose María Marín a los periodistas durante el turno de preguntas, el tema no fue el primero en plantearse, y cuando lo hizo, fue cortésmente despachado: “No me debo referir a expedientes que estén abiertos. En los primeros días de diciembre, percibimos algunos comportamientos irregulares y se comenzó un análisis que aún está por concluir. Se abrió un expediente a una empresa que está pendiente de resolución, y no puedo detenerme en muchos más detalles”.

No significa que Marín rehuyera la actualidad: durante su intervención en la última jornada del curso hizo referencia a medida como “la liberalización del ferrocarril, la UPV de AENA, la reciente huelga de taxis a escala europea, el tratamiento del contenido de los agregadores de noticias, o las concentraciones en comunicaciones” como cuestiones que se han puesto sobre la mesa de su organismo en la última semana, y que “nos van a acompañar con naturalidad durante los próximos meses”. El papel de la CNMC, en esos y otros casos, afirmó, es “intervenir en la economía de mercado de modo que nos aseguremos de su buen funcionamiento. Desde el Estado no son muchas las instituciones que puedan intervenir con una ley en la economía de mercado. Eso da a la ley una gran responsabilidad”.

El papel de un organismo encargado de regular la competencia, afirmó, va a cobrar una importancia creciente en la nueva sociedad que viene, con cambios vertiginosos como los que plantean las nuevas tecnologías, que están trayendo revoluciones “comparables a las que supuso en el sector del transporte la liberalización del tráfico de contenedores o el despegue de Asia”.

Contra la facilidad de prohibir

Algunos de los asuntos pendientes sí fueron planteados durante la rueda de prensa posterior a la intervención; durante la misma, Marín había hecho referencia a la lucha contra los cárteles como una de las prioridades de la CNMC – “están prohibidos y están entre las organizaciones que más perjuicios causan a la sociedad” – y en el turno de preguntas se le pidió su opinión sobre la regulación de los lobbys, que en España, según opinó, era “corta”. Una regulación más extensa, aseguró, ayudaría tanto a los lobbys como a los intereses lícitos de las empresas. “En España se confunden algunas actividades de lobby con la actuación, normal por otra parte, de las asociaciones empresariales. Prefiero una regulación que haga aflorar todas las características, que me parecen muchas veces positivas, de esa acción colectiva, y que se ponga a conocimiento de la sociedad”.

Preguntado por el reciente conflicto entre los taxistas europeos provocado por la extensión de la aplicación de transporte Uber, Marín lo puso de ejemplo de la influencia de las tecnologías, y del surgimiento de la economía colaborativa, que plantea cuestiones no sólo monetarias, sino también sociales y tecnológicas. Tras advertir sobre caer en “la facilidad de prohibir”, reconoció que en la CNMC tenían algunas ideas que aportar al debate. “Y como el Gobierno antes de hacer una norma puede preguntarnos, estamos deseando que nos pregunte”.

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