El Ex Director General del Banco de España habló en Santander de la importancia de la inspección de las entidades y de la excesiva concentración del sector

No vino a Santander Aristóbulo de Juan a hablar de su libro; tampoco a hablar de la banca en la sombra, de fintech, de la digitalización, “porque de esas cosas no entiendo. Voy a hablar de la banca. Un poco”. No fue un poco, y su intervención en los cursos de verano organizados por la Asociación de Periodistas de Información Económica en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo constituyó una lección magistral, impartida con la serenidad y el desparpajo de quien no tiene nada que demostrar, porque ya lo ha demostrado todo. Con ser exacto, el cargo de Ex Director General de Banco de España con que se le presentó en el curso se le queda muy corto a una persona con más de cincuenta años de experiencia en el sector bancario y una carrera profesional desarrollada en cuatro continentes. (Cabe añadir, por otra parte, que el libro del que su autor no habló tiene el título De buenos banqueros a malos banqueros y está publicado por la editorial Marcial Pons).

Aristóbulo de Juan, Ex Director General del Banco de España, durante su intervención en el curso de economía organizado por APIE en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander.

No esquivó Aristóbulo de Juan las preguntas sobre la situación actual, ni sobre, como él lo definió, “ese banco que tenemos todos en mente”; y tampoco se anduvo con rodeos cuando le pidieron su opinión sobre el reciente informe emitido por el Banco de España, del cual señaló que en sus páginas “no he visto ninguna autocrítica. Si uno lo compara con el que emitió el Banco de Irlanda, esto es para niños”.

Popular: faltó anticipación

Sobre la compra del Popular, de Juan adoptó una actitud pragmática, si bien no se ahorró hacer alguna precisión: porque si, por una parte, declaró que “para valorar una decisión hay que comparar siempre con la alternativa. Y en la madrugada del día siete, con un solo postor y el riesgo de que aquello afectara a todo el sistema, esto es lo que había”, también consideró que el problema tenía que haberse comenzado a abordar en una fecha tan temprana como 2008, cuando aparecieron los primeros problemas, pero gestores, supervisores y auditores no lo hicieron, ya que antes, como ahora, “no se aborda una insolvencia hasta que el banco está en los periódicos”. Como consecuencia, se pierde de vista la importancia de haber actuado cuando aún era posible evitar un final tan drástico, y el debate se centra en “quién paga el entierro cuando lo importante es que no haya entierro”. Una vez tomada la decisión, añadió, las cosas no pueden cambiarse, pero quedan en el aire “diez o doce interrogantes que hay que esclarecer”.

Aristóbulo de Juan, Ex Director General del Banco de España, durante su intervención en el curso de economía organizado por APIE en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander.

Mucho más tajante fue cuando se le preguntó por la concentración bancaria, donde no se quedó en la posible amenaza para la competencia, sino para un control eficaz de las entidades. “A mí no me gustan las fusiones”, declaró, advirtiendo de que una excesiva recurrencia a ellas puede acabar en el riesgo de “tener bancos sistémicos tan grandes que no se les pueda cerrar. Son muy difíciles de gestionar y muy difíciles de intervenir; y si un banco es demasiado grande para que el supervisor se pueda meter con él, es que es demasiado grande”.

El opio del banquero

Muchos de los problemas que han producido las noticias que han alimentado a la prensa económica en las últimas semanas tienen un origen que Aristóbulo de Juan ya ha visto en numerosas ocasiones, y que pueden encontrarse en ese libro del que no habló, pero que estaba en la mente de todos los asistentes (y en la lista de lectura de muchos), así como en los cinco axiomas “o manías, si ustedes prefieren”, con los que comenzó su intervención, y que podrían resumirse así: La mala gestión, cuando no está superada o crecida por la supervisión, es una causa muy importante de las crisis, más incluso que las macroeconómicas; el exceso de liquidez “es el opio del banquero”, porque le hace perder el sentido del riesgo y lanzarse a unos crecimientos desmesurados; cualquier auditoría es inútil si se pretende manipular la realidad; cuando las cosas empeoran, la tolerancia por parte del supervisor es un suicidio; y un agujero es un agujero; puede ser muy difícil de tapar, así que conviene mantener el patrimonio en forma.

Pero fue la importancia de los procesos de supervisión y regulación los que ocuparon la mayor parte de su charla, ya que, si tal y como advirtió “Igual que hay mil maneras de pelar un gato, hay mil maneras de maquillar las cuentas”, su papel se hace especialmente crucial: “Todos los errores ocurren en ausencia de una supervisión eficaz, y en ausencia de unos auditores eficaces. En algunos problemas que tenemos todos en la cabeza, el auditor ha examinado el banco treinta años. Y no ha dicho ni pío”.

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